sábado, 3 de marzo de 2007

8 : Las Flores del Sillón.

(Las calles no deberían ser flechadas… gente obligada a desviarse de su camino y zonas que quedan fuera de todo recorrido posible. Contramano. Lugares donde por años no se vea llegar a nadie…Revoques que envejecidos se caen de las paredes y pinturas que en las puertas que no se abren para dejar pasar a nadie, se rajan y descascaran…Ruedas de autos que se desinflan…)

-“Estimado Augusto”

¿Alberto no se lo habría explicado? A veces lo obvio es lo que no se dice ni ocurre porque la lógica tiene sus agujeros… ¡No! Es que sigue para abajo y uno quiere siempre dibujarla sobre un papel. Faltaría inventar la perspectiva del pensamiento para poder pensar con la profundidad y el tiempo…bueno.
El ómnibus cuadrado de cara tiznada se vino sofrenando para que con torpes pisotones y apretujos pudiéramos subir, ensanchando el espacio, embutidos entre caños y chapas. Contemplar variedad de nucas y de solapas, miradas de un solo ojo y mucha caspa.. Muchos pensamientos que hablan a la vez y el traqueteo…Doblamos….

El chaparrón de aquella tarde… Todos reían…Jacinta preguntaba y preguntaba -¿Qué quería ella?- Allá y acá era distinto. Pero a qué decirle nada, a no ser por decir algo nomás –Jacinta, es difícil de explicar. No se trata de…- En ese momento fue que llegó Ramón y después ya nadie entendió nada.

Han de estar todos allá. De mi dirán que… en realidad no me imagino que dirán porque en algún momento el tren chilló su pitazo entre los cerros, achicharró los yuyos en los negros durmientes… Carbón de piedra o petróleo. Negro igual. Ese tajo que se le ha hecho a la tierra por donde mana el dolor hasta los ranchos perdidos de aquel valle. Animales muertos resecos al sol junto a las vías y en los vagones gente, sacudida como animales vivos comiendo su alfalfa gorda y sus bizcochos que llenan todo de migas.
En algún momento habían pasado por el andén de una parada sin nombre donde un niño campesino esperaba tal vez que el tren parase y se quedó callado frente a las ventanillas sin que nadie supiese cómo sonaba su voz, ni qué, ni cuando.

Hemos de estar por llegar al reloj. Recuerdo ese bar de aquel día con Andrés. Unas cuadras más y …Maruja. Julián ha de estar grande…Sí, toda esa cuadra era la de antes. Ahora…un comercio viejo… No, ese no. Ya se mueven como polleras aquellas copas de árboles que sobresalen los pretiles prometiendo patios y veredas sobre la costa de la calle Guimaraens y sus ventanas…! Tendría que bajarme y caminar. Hacia allá, hacia las copas de los árboles gruesos.

Hubo una vez un muchacho que se bajó del ómnibus en esa esquina. Caminaba como no sabiendo si avanzar o detenerse, extrañado de lo conocido, esperanzado, confuso.

Calle G. Gómez y Varela. Augusto vivía por allá. La casa blanca. Flores de enredadera. Quién sabe. Augusto ah, el tiempo ha caído muy denso sobre esta esquina. Está todo deshilvanado, los recuerdos…Más allá…habría que hacer todo el camino hasta el tanque y regresar.
Se ha detenido en la esquina siguiente. Mientras una vieja le ofrece jazmines un perro le huele el alma, porque una lenta burbuja de tiempo remonta entre las estáticas nubes de un verano que nunca se apagó de su garganta. Se habían olido jazmines o tal vez habían sido flores de madreselva las que gotearon nectar en el aire de alguna noche en que la luna canturreaba distraída un leve canto.

Hubo una vez un aljibe y unos pies descalzaos.
Y hubieron calles y esquinas y gente caminando.
Las grandes flores del mantel eran rugosas y gustosas al tacto
bajo el florero generoso y el sillón.
El espejo del aparador…ah! Aquel color gastado en las paredes!
Estaban todos aquel día…
Desde la radio oscura salía una música exquisita,
Que era la de siempre, pero exquisita…
Cuanto más pobre…y simple.
El agua del florero, las flores y la música.
Las cortinas descoloridas…


(Esta es una historia continuada. Sería aconsejable leerla desde el post n. 1)

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