lunes, 19 de febrero de 2007

6: La falda de la ciudad.

Después de eso la locomotora pitó su herrumbre negro bajo los decorados metálicos del hangar. Por las ventanas altas de los techos asomaban edificios aplanados y sucios con pedazos de letras pintadas… Por debajo estaban detenidos los trenes, aun rumorosos luego de haber sido tragados por la gran abertura del norte por donde un poco más allá asomaban irreales quillas de barcos, mástiles y grúas cada vez que se dispersaban las nubes de azufre.
Afuera la ciudad retumba su hormigón armado de las calles bajo el tránsito impiadoso que borra a las gentes que espera ómnibus en las paradas y hace caer a destiempo las hojas de los plátanos.
Mucho más allá, tal vez aun espera en su esquina aquel viejo café, lo que haya quedado de él y la vista de su ventana, semi tapada por el muro gris de enfrente que dejó una franja estrecha entre su término y el tronco del paraíso, por dónde ver esa tajada de ciudad, que como una falda, baja para después subir entre murmullos de azoteas y ropas tendidas.
Me bajo y entro. Posillos y perfume de café. Mesas gastadas de nogal. Silencio.
Ya sentado veo al árbol sacudir sus hojas aunque a nadie importe. Como en todos lados. Como en algún patio del barrio alto pasando el tanque del agua herrumbrada. La calle Guimaraens después de la plazoleta., Maruja y las enredaderas del cerco… El tanque metálico del agua. Como una barriga con remaches.
En ese barrio alto aun pervive el pueblo que una vez fue…

Julián leyendo una revista de historietas, sentado en el cordón de la vereda. Levanta ahora los dedos descalzos, mientras lo hace una tarde de aquellas. Maruja está recostada contra el tronco del árbol.

Cuando de vuelta la esquina dirán que estoy cambiado… Mientras tanto estoy aquí, mirando por el baño, al fondo. Podría pasar primero a buscar a Esteban. El alto parral de las uvas negras… Me están temblando las piernas.
Qué habrán hecho ellos en todos estos tiempos? Las noches se habrán precipitado ventosas sobre los techos, una tras otra, con su frío y su agua negra. Los perros habrán ladrado desde todas las distancias, como en el campo. Las estufas habrán sido prendidas mil veces y mil veces se habrán apagado, como se apagan las luces del pueblo llegando a la medianoche, hasta la última y esperar después que llegue el amanecer a iluminarlo todo con sus ruidos de desayuno y voces que conversan.

Aquel llegó una noche y picaron fiambres que traía en su envoltorio.
Aquel llegó para invitar a irnos de ese lugar.
Aquel otro entró, cantó y tomamos vino

Hubo una vez que Maruja sonreía
y descalza hacía pasos sobre las losas del patio y el aljibe.
Fue una danza…
Hubo luna y hubo sol y hubo rocío una mañana clara.


(Esta es una historia continuada. Sería aconsejable leerla desde el post n. 1)

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